La Apuesta (2)

«Ahora, buen lector, antes de que me creas extraño. Dejadme explicar. Como sabréis, Merlín en la antigua Inglaterra no era un nombre sino un título y aquel que tuviese ese título podía ser tanto hombre como mujer. Y mi Merlín era un hermoso ángel rubio que tan sólo era un poco menos que indulgente. ¿Cómo lo sé? Mira el primer párrafo donde hablo sobre un milenio de encarcelamiento… sumadle más o menos siglos y aún no suena tan impresionante como milenio». 
Thom se sintió un poco mejor después de dar ese discurso. Aunque no mucho. ¿Como podría cualquier hombre sentirse mejor mientras se encontraba atascado en un hoyo? 
Pues era cierto. La furia del infierno no se puede comparar con la ira de una mujer.

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